La Gran Sociedad

Por Carlos Rego

En la anterior entrada mencionaba a Res Publica y su alma mater, Phillip Blond. Era pertienente porque sin su figura no podríamos entender muchas de las declaraciones y posibles acciones del actual primer ministro David Cameron. Para hacernos una idea, más o menos precisa, Res Publica es el think tank de los torys, algo así como FAES para el Partido Popular.

Los conservadores ingleses, escarmentados por más de una década en la oposición, han aprovechado su particular paso por el Rubicón y se han procurado un corpus intelectual que, sin duda, les será muy útil ahora que están en el poder. A la criatura la llaman Big Society (la Gran Sociedad), parte nuclear de lo que se conoce como Red Tory (Conservadurismo Rojo o Conservadurismo Social) y que se sustenta sobre una premisa básica: el Estado y el Mercado han fracasado irrefutablemente.

¿Y qué propone? Un nuevo pacto social, una refundación de los principios sobre los que se asientan la sociedad, el Estado y las relaciones económicas o mercado.

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Gobiernos que divierten

Por Ignacio Peyró

Según la sabiduría del viejo Ronald Reagan, la frase más temible de la lengua era aquella que reza “soy del Gobierno y estoy aquí para ayudarle”. Por suerte para él, Reagan no llegó a vivir un tiempo en que los Gobiernos no sólo se empeñan en ayudarnos sino también en divertirnos. De pronto, uno se despierta a las ocho de la mañana de un domingo sobresaltado por un waka-waka que truena por la calle: llamaríamos a la Policía municipal, en el entendido de que se trata de algún exaltado sintiendo un rapto con la música del coche, pero en realidad es el ayuntamiento quien ha querido despertar a todo un vecindario a propósito de una paella solidaria o una gymkhana multicultural en bicicleta. Lo vemos casi cada día, esa pulsión de los Gobiernos por instruirnos y por entretenernos: son las alfombras color magenta en la calle de Serrano, son los millones de euros gastados en construir esculturas en rotondas que parecen un anticipo del Apocalipsis, son las excusas asistenciales que sirven de cobertura para un taller de iniciación al coito o un curso de locución radiofónica para peones de albañil. Tenemos ciudades con cien museos y diez mil bares, y hay municipios que se empeñan en pagar las noches en blanco. En fin, no todo terminó con un alcalde de Barcelona bailando samba en un pasacalles.

Lo peor es la aquiescencia al dirigismo cultural, la rareza de que alguien –por ejemplo– entre en un museo sólo porque es de noche. Los poderes públicos saben que al hombre contemporáneo ya no hace falta dominarlo por el terror: basta con la vulgaridad. El ocio se banaliza y se degrada: según Fumaroli, reducirlo todo a entretenimiento es una traición, pero es en eso en lo que estamos. Ya un sabio de tiempo atrás decía que la única palabra que van a dejarnos es el “no”. Es una afirmación de libertad frente a los Gobiernos que quieren entrar en nuestra casa, en nuestra educación, en nuestra diversión, en nuestra vida.

Publicado en La Gaceta.

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Tea Party. La derecha mira con los ojos de la izquierda.

Por Emilio Campmany

Más de una vez los lectores de Libertad Digital me han recriminado hablar de los jueces próximos al PSOE y de los afines al PP refiriéndome a ellos con las expresiones “progresistas” y “conservadores”. La regañina se funda en que es una terminología impuesta desde la izquierda que ve el término “progresista” como algo positivo y la expresión “conservador” como negativa. Yo la empleo porque es la generalmente admitida, pero por qué haga yo las cosas carece de importancia. La cuestión es que en esto y en muchas otras, la derecha se ha acostumbrado a observar los fenómenos políticos con las palabras de la izquierda. Y lo terrible es que, al emplear sus palabras para denominar las cosas, acepta igualmente verlas a través de sus ojos, que deforman la realidad tanto cuanto sea necesario hasta conformarla a sus intereses. El domingo teníamos un buen ejemplo en los periódicos.

Titula El País: “El Tea Party asedia Washington. La victoria de los extremistas en Estados Unidos convierte las elecciones legislativas de noviembre en una lucha entre la civilización y la caverna”. Lo de “una lucha entre la civilización y la caverna” se figura un pelín exagerado, pero siendo El País un periódico de izquierdas parece normal lo que en verdad es una flagrante deformación de la realidad. Menos choca que Público califique el movimiento de “ultraconservador”. En realidad, a los dos les pasa que todo lo que es de derechas les parece ultra algo, lo que a veces les hace parecer algo ultraestúpidos.

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Turismo alternativo

Por Ignacio Peyró

Michel de Montaigne se encerró en una torre, Unamuno volvió de París haciendo grandes alabanzas de la sierra de Gredos y Kant logró ser Kant sin alejarse cien millas de la estricta naturaleza de Königsberg. Valga esta prosapia para señalar que, de entre las muchas coartadas que existen para viajar, la de que viajar nos hace más sabios no resulta del todo sostenible. Con los viajes ocurre lo que decía Lichtenberg de los libros: un mono no puede mirar su reflejo en ellos y esperar ver a un apóstol. De la misma manera, el vacuo seguirá siendo un vacuo aunque vaya al Yemen a buscar experiencias extremas (como la decapitación ritual) o peregrine al Tíbet en pos de la autenticidad de aquellas buenas gentes, sólo para encontrarse, en el mejor de los casos, con que los monjes budistas le preguntan por Mourinho o, en el peor, con una diarrea agónicamente terminal a quinientos kilómetros del dispensario más cercano. En lo que respecta al viaje como terapia contra la cortedad de espíritu, todavía no hemos sabido de ningún miembro del PNV que pidiera la baja tras pasar la luna de miel en Honolulu.

Como cada verano nos encontramos al que vuelve de China y resume en una frase –“China es sucia”– sus impresiones de una civilización de refinamiento milenario. Sin duda, es peor la especie de quien viaja por conocer otras culturas, como si los indios tungalunga tuvieran equivalentes sustantivos a minucias occidentales como la aspirina, la seguridad jurídica o la polifonía barroca, o como si estuvieran al mismo nivel la catedral de Burgos y la arquitectura universal del chozo. Curiosamente, la cultura parece no valer para nada salvo para darse pretensiones, como si uno no pudiera viajar con el benéfico pretexto de airearse. Luego ocurre que el turista alternativo huye de Occidente para redimirse abrazando al buen salvaje y el buen salvaje, naturalmente, le roba la cartera. Ah, dichosos aquéllos que vuelven a la tierra de sus padres.

Publicado en La Gaceta.

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Contra la homogeneización de la cultura (a propósito de la prohibición en Cataluña de la Fiesta Nacional)

Resultado de la votación en el Parlamento de Cataluña

Por Tristán Garel-Jones, que fue Ministro de Estado en el Foreign Office.

Quizá lo más importante de la vida sea la muerte. Lo que diferencia al ser humano del resto de la creación es que sabemos que vamos caminando hacia ella.

«Avive el seso y despierte, / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando…». Así canta el poeta español Jorge Manrique y así también cantaba el poeta inglés Andrew Marvell: «But at my back I always hear / Time’s wingéd chariot hurrying near». (Pero a mi espalda siempre estoy oyendo / el carro alado del tiempo que se acerca corriendo»).

El ser humano, dada su sensibilidad (su alma, dirían los cristianos) intenta caminar hacia la muerte con la mayor dignidad posible. Una muerte digna honra a cualquiera. El intelectual francés Robert Brasillach, condenado a muerte por «crímenes intelectuales» (apoyo al fascismo) en 1945, ante el pelotón de fusilamiento, después de rehusar vendarse los ojos, grita «Vive la France! – Quant même». Personalmente, ante tal muerte, yo —junto con Mauriac, Claudel, Camus y muchos intelectuales que nada tuvieron que ver con el fascismo— le perdono.

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Desaparace el “Libro de familia”

Por Juanjo Romero.

La crueldad de los chicos es salvaje, con ‘inocencia‘ son capaces de describir la realidad del modo más hiriente: más perdido que un HdP el Día del Padre (que en España se celebra en San José) Ya hay colegios que no lo celebran, me abstengo de comentar los motivos.

Me llamó la atención el artículo del chileno José Luis Widow que publica hoy InfoCatólica: Nuestro camino al totalitarismo, y el poder de transformación social que tienen tanto el lenguaje normal como el ninguneado Derecho Administrativo. Para transformar de verdad no es suficiente el Código Civil, ni siquiera la Constitución.

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Europa en busca de una nueva visión

Por Guy Sorman.

En la región occidental de Europa, «la vieja Europa», como la llamaba Donald Rumsfeld, ningún Gobierno actual puede jactarse de una legitimidad sólida: Reino Unido podría ser la excepción, pero es demasiado pronto para saberlo. Otros, como el de Sarkozy en Francia, el de Berlusconi en Italia y el de Zapatero en España, pierden popularidad cada día que pasa: los índices de aprobación que arrojan los sondeos de opinión para todos ellos rondan el 25%. Pueden ser conservadores como Sarkozy, cristiano-demócratas como Merkel, populistas de derechas como Berlusconi o socialistas como Zapatero; su afiliación política no cambia nada. Uno se pregunta qué ha ido mal. La crisis económica parece la explicación evidente, o tal vez no. Hace dos años, cuando la recesión de EE.UU. llegó a las costas europeas, estos líderes políticos reaccionaron con aparente vigor, lo cual los hizo bastante populares por un tiempo. Paradójicamente, la fase inicial de la crisis económica favoreció a los líderes conservadores y partidarios del mercado libre más que a los socialistas: los partidarios del mercado libre parecían encontrarse en mejores condiciones para salvar la economía que los izquierdistas utópicos. Hoy en día ya no es así: el socialismo vuelve a estar en auge, al menos en los sondeos de opinión, y el populismo de derechas se convierte en una fuerza con la que hay que contar, desde Francia hasta Bélgica y Holanda.

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